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viernes 18 de julio de 2008

 

 

“La poesía es la puerta que yo encontré para hallar la libertad”

      

Por Augusto Munaro *

Romina Freschi (1974), es una de las poetas argentinas más singulares y prolíficas de su generación. Lleva publicados hasta la fecha casi una decena de títulos como Redondel (1998), Incrustaciones en confite (1999), Petróleo (2002), Entremezcales (2000), El-Pe-yO (2003), la plaqueta 3/3/3 (2005) y su reciente Solaris (2008), que acaba de presentar. Son poemarios que reflejan una sostenida ambición experimental. Sus audaces búsquedas estéticas se gestaron tras una vasta experiencia como lectora, que le permitió ahondar en todos los géneros literarios, sin ningún tipo de prejuicios.

     Freschi es licenciada y profesora de Letras por la UBA, y es una de las fundadoras del proyecto de poesía Zapatos Rojos. Como crítica y reseñista ha colaborado en numerosas publicaciones nacionales e internacionales. Coordina talleres literarios y dirige la publicación Plebella, revista de poesía de aparición cuatrimestral. La misma promueve la reflexión y producción poética de tres generaciones, donde ya han figurado autores tan diversos como Leónidas Lamborghini, César Aira, Osvaldo Aguirre, Daniel Link, Rodolfo Edwards y Emiliano Bustos, entre muchos otros.

     Su labor como traductora de inglés, francés y portugués, le posibilitó expandir y consolidar un lenguaje propio y consistente, cuya sintaxis heterogénea no deja de sorprender debido a su vital plasticidad: “Pitucón de/ taquitos pintitas,/ postizoide ezquizito de/ polvos brillantiles con/ mechonete amarillo,/ Tutti-Frutti,/ rayos-X...”.

     En su poética -como bien afirma en esta entrevista-, caben “distintas lenguas, distintos procedimientos, mecanismos, discursos y tecnologías”. Una voz que la conduce ligeramente hacia el surrealismo y en ocasiones al autocollage. Esta audacia de entramar y cruzar sensibilidades y formas con el fin de dar con un lenguaje autónomo, han posibilitado ritmos y sonoridades de intensa belleza: “Como cielos de tormentas, tu amar embravecido, ululante, amansador/ de mil manos, labios y vino espumantes,/ abrigador de mil muescas, curvas, consolador de babas./ Me envuelvo de tu forma, imponente./ Me entinto en tu vacío, rocío de mil muertes, que me traen”. Son versos cargados de intensas imágenes y de refrescantes metáforas. Es lícito destacar además que su acento poético, da cabida también a la reflexión sutil.

     Debido a su afinidad por la ciencia ficción –lectora atenta de Stanislaw Lem, George Orwell, Philip K. Dick, y Arthur C. Clarke, entre otros- ha intentado llevar el género a la poesía. El resultado es grato, puesto que permite al lector sumergirse en nuevos rumbos. Freschi es una caja de Pandora, donde la prodigalidad inventiva responde a un inusitado deseo de libertad. Sus libros son testimonio de su feliz audacia poética.

-¿Cuándo nace su orientación por los versos, su afinidad hacia la poesía?

-Empecé a interesarme seriamente en la poesía cuando llegué a la universidad de Buenos Aires. Antes tenía un prejuicio de cursilería y estupidez y cierta fobia cultivada por mis maestros de la primaria. Yo siempre escribí. Empecé mi primer relato a los ocho años, llevaba diarios esporádicos, cuadernos y agendas donde desembocaban frases, delirios, cartas, mensajes, dibujos, collages, pensamientos ingeniosos y citas de escritores, músicos y otros artistas. Nunca identifiqué nada de eso con la poesía, ni siquiera cuando empecé a escribir con mayor decisión hacia el final de mi adolescencia. Con esa noción vaga de “escritura” escribí Redondel, entre 1994 y 1995. Mostré ese texto a Delfina Muschietti, a quien admiraba por su labor de profesora en la facultad y ella fue quien me dijo que ese texto pertenecía al género poesía y que yo era una poeta. Desde entonces empecé a leer más que nunca poesía y comprendí mi filiación con ella.

-¿Cuáles han sido los autores que la han marcado desde siempre, y que influyeron en Ud. considerablemente?

-Considero como maestros absolutos en el género poesía a Sor Juana, Góngora, Quevedo y Gracián, Rubén Darío, Néstor Perlongher, Delmira Agustini, Marosa Di Giorgio, Roberto Echavarren. Nunca dejo de leerlos. La línea que va del barroco al modernismo y al neobarroco rioplatense me fascina por la plasticidad inacabable de esa poesía, la posibilidad de una abundancia tal de material y a la vez, un estilo tan marcado y particularísimo en cada uno de esos autores. Me parecen profundos a la vez que acrobáticos. Otros poetas muy importantes para mí son André Bretón, Oliverio Girondo, Oswald de Andrade y Alejandra Pizarnik, por la exactitud de sus mecanismos surrealistas, el hallazgo y la modernidad de sus metáforas y la frescura y brillantez de las ideas que ellos sustentan. En esa misma línea César Aira y Copi. Luego hay otras lecturas vitales para mí. Y claramente mis amigos. Me cambian la vida sus lecturas. Un capítulo aparte merece la ciencia ficción para mí: me encanta, toda ella, Wells, Zamiatin, Lem, Orwell, Dick, Disch, Clarke… y una lista infinita de aficionados, y claro, la revista El Péndulo.

-¿Qué significa para usted la poesía?, ¿cuál es su lugar y papel en la sociedad?.

-La poesía es la puerta que yo encontré para hallar la libertad. Claro que no es una noción abstracta de libertad, es una libertad concreta, es un modo de pensar y configurar la realidad que me permite sobrevivir y transformar la vida social. Puedo imaginar alternativas, y eso es lo que me da acceso a la elección. Ser conciente de la posibilidades de elección es lo que permite ejercer la decisión, eso es la libertad, que siempre viene siamesa de la responsabilidad.

-¿Cree que la poesía permanece al margen?

-No creo que la poesía permanezca al margen de nada. Al contrario, creo que su poder está en su cierta capacidad de transformación de todas las cosas, como puerta de la libertad, permite observar una situación, plantear alternativas y por lo tanto, supone una elección. A través de la poesía me detengo en el lenguaje, esto es, me detengo en el pensamiento y puedo pensar. Eso es la libertad, no estar obligado a la reacción, poder pensar. Trasladando eso a otros géneros literarios y a otras artes, encuentro poesía en todos lados. Eso quizás la haga invisible para algunas personas y para ciertas lógicas mercantiles.

-Usted ha realizado un importante número de traducciones del inglés, francés y  portugués. ¿De qué forma cree que esta experiencia con el lenguaje le han beneficiado a la hora de escribir sus composiciones?

-Maravillosamente. Las diferencias materiales entre lenguas plantean aspectos de la significación tan sutiles como todo lo real. Es como agregar definición a una imagen, cantidad de píxeles, traer a la conciencia costados materiales del lenguaje que representan experiencias sumamente distantes que una lengua pretende recoger con extrema sutileza y que otra pasa sobre ellas groseramente. Traducir es leer, y leer más me permite leer mejor el mundo, por lo tanto escribir resulta más interesante.

-Hasta la fecha ha sacado cerca de una docena de libros. Si hay una característica que los una, paradójicamente es que son completamente disímiles. ¿Es posible nombrar algunas temáticas esenciales en su escritura?

-Sí, claro, yo siento que hablo todo el tiempo de lo mismo. De la conciencia, fundamentalmente, de todo lo que puedo filtrar a ella, pero mayormente, de los medios que la conducen y a la vez, la limitan, la oscurecen. Puede parecer que todo el tiempo cambio de tema, pero lo cierto es que las mediaciones SON el tema. El lenguaje es una mediación esencial, pero todo el tiempo aparecen en mi escritura distintas lenguas, distintos procedimientos, mecanismos, discursos y tecnologías, canales, cristales por donde mirar que pronto se evidencian como cristales. En esa denuncia de los medios, pretendo plasmar una noción de humanidad, aquello que es capaz de reconocer el automatismo, ponerse a su servicio, ponerse por encima de él, esto es, una humanidad que trata de ser responsable de sí.

-Solaris (2008), su último y más reciente trabajo, es un libro muy diferente al resto. ¿Qué intenta explorar en él?

-Solaris es un homenaje a muchas personas. Principalmente habla de mi padre, quien me enseñó a leer y quien no solo me proveyó de la tecnología del lenguaje sino que se dedicó toda su vida a la tecnología y me contagió su pasión por la ciencia y la ciencia ficción. Se refiere también a Stanislaw Lem, que escribió una de las novelas, no solo de ciencia ficción, más maravillosas del mundo y cuyo conflicto es el único posible para mí. Y finalmente a Tarkovski, quien filmó Solaris y la guionó excepcionalmente, y quien además condensa en su trabajo mucho de lo que yo quiero hacer. La imagen en Tarkovski es individual y perfecta en un mar de imágenes que en su forma de sucesividad líquida terminan liquidando todo prejuicio, esto es, toda mediación. Ese procedimiento es un procedimiento que vengo explorando hace ya varios años, y que quizás podría decirse que le otorga mayor unidad a mi obra, aunque no sea visible ya que la mayoría de esos textos no han sido publicados más que en revistas.

-Usted dirige desde 2004 la publicación Plebella, una revista de poesía actual de frecuencia cuatrimestral que ha alcanzado una importante repercusión. ¿Cómo nació el proyecto y cuáles son los objetivos que intenta llevar adelante con ella?

-La idea de Plebella nació en el año 2003, y la revista se concretó al año siguiente. El proyecto pretende ser de crítica y pensamiento sobre la poesía más cercana y contemporánea, en oposición a otras revistas que suelen publicar obra actual, pero solo ocasionalmente pensamiento sobre obras actuales, o también pensamiento sobre actualidad a través del punto de vista creativo del arte. Nos interesa el punto de vista de los artistas, escritores y poetas mayormente. Algo que también nos importa desde el núcleo fundador es la visión generacional. Nos interesa incorporar esa visión al campo intelectual y dialogar desde allí con todas las generaciones. Queremos ser un espacio de reflexión, al margen de discursos más elitistas como el académico o el de las bellas letras y sobre todo, de las falsas polémicas de los medios.

-¿Según su criterio, cree que hay un auge por la poesía, una proliferación de emprendimientos que buscan difundirla, o esto existió desde siempre?, ¿cómo ve el panorama poético de Bs. As.?, ¿qué autores recomendaría y por qué?

- Sí, creo que en los ’90, y de esto me siento parte conciente y responsable, ocurrió un estallido relacionado sobre todo con la primera generación de veinteañeros manifestándose en múltiples disciplinas artísticas y culturales después del silenciamiento de la dictadura. En los años de vaciamiento económico surgieron muchísimos emprendimientos independientes que obviamente sobrevivieron a la crisis porque siempre habían estado en contra de aquello que la produjo. Por eso creo que hoy el panorama es tan variado. El proceso de los ‘90 produjo una democratización que hoy hace que los emprendimientos sean todavía más visibles. El panorama poético de Buenos Aires me parece amplio e inabarcable. Me seducen algunos poetas como Emiliano Bustos, uno de mis preferidos, tiene una visión plástica y a la vez histórica, Adriana Kogan cuyo estilo discursivo y ondulatorio también me resulta inequívoco sin regalar nada. Juana Roggero, con un estilo aparentemente más directo también me gusta, porque se aleja de los lugares comunes y los golpes bajos. Todos ellos apelan a un nosotros, esto es, a una idea de humanidad integral que me seduce y me identifica, y donde se da lugar a lo individual, a lo nacional, a lo universal. Uno no puede hacerse el sordo cuando los lee.

 * Crítico y periodista argentino.

 

 



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